
Por David Moñino Bermejo

Al más puro estilo de Arthur Conan Doyle y su Sherlock Holmes, Edgar Allan Poe nos presenta tres de sus más famosos relatos policíacos, escritos entre los años 1.841 y 1844. Probablemente, Dupin fue modelo del Holmes de Conan Doyle, más estilizado y purista.
En el primer relato, "Los crímenes de la calle Morgue", nos invita a resolver el caso de unas damas (madre y hija) asesinadas brutalmente en sospechosas circunstancias, que monsieur Dupin, con una lógica criminalística fuera de lo común, incluso para la época, tarda no pocas páginas en resolver. A pesar de ser probablemente el primer relato policiaco de este estilo, se puede adivinar que sentó las bases para lo que vino después, con Sherlock Holmes (A.C.Doyle), Hercule Poirot (Agatha Christie), y un largo etcétera que, para desgracia de la memoria de Poe, cobraron quizá más fama que su monsieur Dupin.
En el segundo relato, "El misterio de Marguerite Roget", Poe demuestra que la información es poder, en el sentido de que fue capaz de llegar a una conclusión perfectamente válida, con un crimen que fue real en su época, sólo a través de la prensa que fue capaz de recopilar, al respecto. Sin embargo, convierte los personajes reales en personajes de ficción, dando nombres diferentes a los reales; tanto a personajes como a los periódicos en sí. De los tres es el que me resulta más original, no sólo por el contenido, sino por la forma dada al mismo.
El tercer relato es el más corto y el de más rápida e incomprensible resolución, pero no por ello el menos importante de la serie. "La carta robada" cuenta la sustracción de una carta a un político por parte de otro, y lo importante que puede ser, para el mundo político y aristocrático, por lo tanto, de la época, el contenido de una carta manuscrita que incrimine a alguien en escándalos amorosos. No es diferente de hoy en día, aunque sí es distinto en cuanto a la forma que adquieren los escondites, estancias, y la ambientación en sí.
Son pocas páginas, pero densas. Es difícil acostumbrarse al argot técnico y policíaco, más aún cuando es el utilizado en la época. Encuentro flojos a todos los personajes que a primera vista pueden parecer importantes, como Dupin o el comisario, sin embargo no tiene mucha importancia en este caso, ya que los personajes verdaderamente importantes no son ellos, sino las víctimas de los propios crímenes en sí.
Deja un buen sabor de boca, sobre todo si el lector es amante de la novela negra o de misterio.
Valoración (de 0 a 10): 7
Esta reseña se basa en la edición de El Mundo, de 1999.