
Por David Moñino
“La Perla” fue publicada en 1947 por John Steinbeck, y como en el resto de su obra, en esta también se habla del hombre y su lucha con la tierra para alcanzar la supervivencia, como estado social, en el que el hambre y las penurias de las clases más bajas son la sombra que acecha a los protagonistas.
La novela nos cuenta la historia de una familia en la que el hombre, cabeza de la misma, debe hacer lo posible por conseguir los recursos capaces de salvar a su hijo, recién nacido, de la picadura de un escorpión. Encuentra una perla excepcional, en la que ve reflejado su futuro y el de su familia, pero la perla no es más que un signo de la podredumbre del alma humana; las envidias y la codicia hacen presa de los que ansían tener tan valioso objeto. Kino, el padre de familia, se ve obligado a escapar del pueblo con el ánimo de vender la perla en la ciudad, pero es perseguido sin tregua.
Cuando uno acaba con la novela, cierra sus tapas y reflexiona sobre lo acontecido, se da cuenta de que el ritmo de la narración se va convirtiendo, poco a poco, en el arquetipo de los relatos místicos o religiosos. Cada vez más, a lo largo del escrito, se va pronunciando el uso de la conjunción “y” hasta mezclarse lo que parecía muy real, con lo que acaba teniendo los matices de un mito.
El final de la obra crea un estado de ansiedad, culminando con un hecho desgarrador, que a cualquiera le llega al alma con mucha fuerza, no sólo en lo que se ve a simple vista, sino en lo que subyace en la parte de más bajo nivel, lo que se lee entre líneas, la condición social en sí misma.
Valoración (de 0 a 10): 7
Esta reseña se ha basado en la edición de Edhasa de 1997.